UN TORNADO ARTIFICIAL

En la década de los 70 del pasado siglo se habló mucho sobre la guerra meteorológica: provocar tormentas de granizo, huracanes o tornados sobre países enemigos para destruirlos. Aunque Estados Unidos realizó algunos primeros experimentos, no pasó de ser ciencia ficción, pero la idea aún produce escalofríos.
Sin embargo, desde hace algunas décadas, sí que se están fabricando fenómenos meteorológicos, como rayos en forma de bola, con fines mucho más interesantes, como la prevención de fenómenos severos.
En el Museo Mercedes-Benz situado en Stuttgart (Alemania) han logrado crear el tornado artificial más potente del mundo, según consta en el libro Guiness de los récords. En una gran sala se conectan 144 turbinas progresivamente y en siete minutos se ha formado un tornado de 35 metros de alto y unos 50 centímetros de ancho. Para hacerlo visible se añade dióxido de carbono. Así, 28 toneladas de aire se mueven en círculo.
En el interior de esa columna de aire rotatoria la presión atmosférica es bastante inferior de la que existe en el exterior, provocando una fuerte succión desde su base. De hecho, es prácticamente lo mismo que ocurre en un tornado natural. Aunque el fenómeno no deja de ser un atractivo para los visitantes del museo, la función del experimento es interesante. Se trata de poder provocar un tornado en el interior de un edificio en llamas. En pocos segundos, el humo se extraería del interior y el fuego quedaría sofocado. Una aplicación positiva de los fenómenos meteorológicos de laboratorio.


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